Cooperador Paulino - Mons. Cecilio RaĆŗl Berzosa
MÔs que cosas, hay llevar siempre, en nuestra maleta existencial, actitudes en forma de brújula:
- N: Amor apasionado a Jesucristo, o vuelta al amor primero (samaritana).
- S: Vida y discernimiento comunitarios (JonƔs).
- E: Fidelidad en creatividad a nuestro carisma y memoria carismƔtica (pentecostƩs)
- O: Redescubrir los nuevos caminos de misión (buen samaritano).
Como la mujer samaritana, de la superficialidad a la profundidad: Ā«De la necesidad de beber y buscar agua, al encuentro con el Agua de la Vida, Jesucristo, que colma nuestra sed y nos llena de plenitud… Somos itinerantes exteriores e interioresĀ» (Jn 4,1-30).
Ā El texto de la mujer samaritana nos deja claro que una autĆ©ntica vida consagrada vive y se nutre de la oración, del encuentro real con Jesucristo. Con los cĆ”ntaros interiores vacĆos, ni tendremos identidad ni podremos ejercer nuestra misión. En este sentido, como a la mujer samaritana, se nos exige abastecer con agua viva nuestros cĆ”ntaros interiores, ser tinajas o recipientes de agua pura. En esto consiste el paso de una vida superficial y rutinaria a otra vida mĆ”s profunda y plena.
No basta buscar agua. Hay que dejarse hidratar por ella. No basta buscar. Hay que dejarse transformar: beber del agua Viva, Jesucristo, para configurarnos con Ʃl. No basta con cantar al cƔntaro, hay que sumergirse en el agua. Existe la sed de santidad porque existe la Fuente capaz de colmarla.
SUR. Practicar el discernimiento comunitario
Como en el icono de JonĆ”s, de la instalación existencial, a la sorpresa de la novedad: Ā«Llamados a salir de nosotros mismos y de nuestras instalaciones personales y comunitarias… Tragados por la ballena existencial de la misericordia que nos devuelve a nuestra realidad… Escucha y discernimiento comunitario… Evangelización y misión renovadasĀ» (libro de JonĆ”s).
La imagen del profeta JonĆ”s nos recuerda que la vida de especial consagración no estĆ” determinada por el propio deseo: no se trata de Ā«ir a donde uno quiera irĀ», sino allĆ donde el SeƱor nos llame y envĆe, y sean necesarios los voceros y las voceras de Dios.
Al mismo tiempo, Ćl nos regala los compaƱeros de camino y de comunidad. El SeƱor, por su parte, paciente y comprensivo, se traga al mal profeta, en un acto creativo de pura misericordia. La ballena representa, en la narrativa de JonĆ”s, la misericordia divina, siempre Ā«pacienteĀ» en su pedagogĆa, pero persistente.
El vientre del pez, o Ćŗtero materno divino, es el Ćŗnico lugar donde, el profeta, como el consagrado, estĆ”n tranquilos y serenos. Deben pasar tres dĆas: sĆmbolo de un proceso pausado para morir a nuestra terquedad y pecado, a nuestra vieja vida, y asĆ renacer de nuevo. En resumen, el relato de JonĆ”s nos mueve desde la instalación existencial a la sorpresa de la novedad en nuestra vida consagrada.
ESTE. Reavivar nuestro carisma: de la pasividad a la creatividad en fidelidad
Como en el icono de PentecostĆ©s: Ā«El EspĆritu nos transforma, nos ilumina, nos enciende, nos hace comunión, nos regala creatividad y nos envĆaĀ» (He 2,1-13).
A veces no crecemos en nuestra consagración por permanecer encerrados en nuestro refugio, Ā«en nuestros nidos y miedosĀ», asĆ como los apóstoles temĆan a los judĆos. Crecemos cuando somos enviados. Vivir activamente la misión es siempre un test de verdadero crecimiento.
La pasividad es no desear cooperar; la pasividad es un dĆ©ficit o desagradecimiento de memoria. Cuando desaparece la creatividad y la pasión, vivimos tan solo instalados y resignados en el presente. ĀæCómo ser, entonces, creativos?… ĀæQuĆ© podemos hacer para recuperar y crecer en creatividad?…
Ā Hay tres dinamismos: los aprendizajes pacientes, como si estuviĆ©semos ejerciendo un arte; el recurso a las Ā«vidas ejemplaresĀ» de nuestros fundadores y santos y la misión compartida con otros en heroĆsmo ejemplar.
OESTE. Del egocentrismo a la oblatividad en la misión
Como en el icono del buen samaritano: «Salir de uno mismo para ver y compadecernos del otro, curarlo y acompañarlo y entregarle en buenas manos» (Lc 10,25-37).
El buen samaritano es un texto bĆblico iluminador para la vida consagrada porque nos motiva, de manera especial, a desprogramar agendas y horarios, reuniones y proyectos, ante una persona Ā«caĆdaĀ», Ā«heridaĀ» o Ā«necesitadaĀ»… Se trata de un signo vital que nos empuja, con fuerza, a escoger lo prioritario. El mismo SeƱor, que ha llamado y ha enviado al consagrado, es el mismo que le exige detenerse en las situaciones existenciales de los hermanos heridos y mĆ”s sufrientes.
El relato del buen samaritano es una llamada al amor creativo, a la salida de uno mismo, con un estilo de misión muy concreto: saber mirar; compadecernos; curar con lo poco o mucho que tengamos; llevar al hermano a donde pueda ser sanado lo mejor posible e implicarte con tu persona y con lo mejor de ti mismo.
de especial consagración tiene que ayudarnos a realizar el viaje del amor oblativo, al estilo del SeƱor, que nos precedió con su ejemplo. Un consagrado es un servidor; alguien dispuesto a entregar su vida. La mejor expresión de esta dinĆ”mica oblativa se encuentra en la EucaristĆa, comprendida y vivida en sus dos dimensiones: la sacramental (entr ga de Jesucristo) y la existencial (el ser cada uno de nosotros Ā«eucaristĆas existencialesĀ»).
Los consagrados que participan en la EucaristĆa son Ā«tomados, bendecidos, partidos y repartidos para Dios y para los demĆ”sĀ». Es la expropiación total de vida como donación al SeƱor y a los hermanos, que tiene muchas traducciones prĆ”cticas: actitud para trabajar en equipo, disposición a aceptar nuevos destinos, apertura a nuevas periferias existenciales y geogrĆ”ficas, cercanĆa y compromiso con los excluidos de nuestra socie dad y la puesta en prĆ”ctica del estilo que la Iglesia espera del consagrado del siglo XXI: itinerancia, inculturación e intercongregacionalidad.
Intercongregacionalidad quiere decir comunión de carismas diversos para la misión. Inter culturalidad es la encarnación de los carismas en diversas culturas y en comunidades de diversidad cultural. Itinerancia es dejarnos llevar por el EspĆritu Santo, descubriendo Ā«lo nuevo del PadreĀ» en cada momento histórico, como verdadero signo de los tiempos, para anunciar la Buena Nueva del Evangelio, para experimentar la Vida en Jesucristo y para adelantar el estilo del Reino Trinitario.
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